Cartel para animar a la afición de cara al partido del sábado.

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Después de treinta y siete jornadas de altibajos, de curvas, de idas y venidas, al Mallorca le toca jugarse la vida en un único encuentro. En noventa minutos. A una sola carta, sin vuelta atrás ni segundas oportunidades. El equipo de Laudrup que se ha ido quedando atrapado en el laberinto de la zona menos iluminada de la clasificación, necesita sumar en la última función del curso ante el Madrid para protegerse de un posible descenso y el club ya ha empezado a movilizarse para que no falle nada. La categoría y el futuro de la entidad están sobre la mesa. Será una final de Primera, la madre de todos los partidos.

El mallorquinismo, que en las últimas horas había mostrado los primeros síntomas de preocupación tras la hecatombe de Almería, ha decidido aparcar su malestar para volcarse con el equipo en un momento especialmente delicado y en una semana que seguramente va a hacerse muy larga. Demasiado. Además, a la hora de situar en la balanza los ingredientes que van a condimentar la espera, hay razones de sobra para ser optimistas y acercarse al encuentro sin miedo.

La primera de ellas es que al Mallorca le basta un punto para salir a la superficie y enterrar la calculadora. Con 45 puntos en el bolsillo, la permanencia estará bajo llave y el equipo isleño encadenaría su décimoquinta campaña consecutiva en Primera División. Porque de las 243 combinaciones posibles entre los implicados en la carrera por la supervivencia, sólo 6 le mandarían al infierno. Y en esa misma dirección las estadísticas de ejercicios anteriores también resultan esperanzadoras, ya que su rival de turno, el Atlético, no abandona la Isla con los tres puntos encima desde la temporada 2003-04. Buena señal.

Por si fuera poco, está previsto que Son Moix se convierta en una caldera desde unas horas antes del encuentro, que la Liga de Fútbol Profesional ha fijado a las 22.00 horas del sábado. Las peñas y el resto de aficionados no quieren dejar solo al Mallorca frente al abismo y se han propuesto reeditar el ambiente de aquella mágica noche en la que el equipo certificó ante el Betis una de las remontadas más sonoras de su historia (temporada 2004-05).

Para ello, el propio Mallorca ya ha activado la maquinaria y va a promover de forma activa una operación ideada con el único fin de abarrotar el Iberostar Estadi en uno de los enfrentamientos más importantes que ha encarado la SAD desde que volvió por última vez a la máxima categoría. La primera medida, anunciada ayer, ha sido ofrecer a sus abonados la posibilidad de retirar dos entradas a bajo coste (1 euro las localidades de fondo, 3 de las de tribuna de sol y 5 las de tribuna cubierta). Y mientras tanto, la Federació de Penyes Mallorquinistes también se ha arremangado para la ocasión y ayer ya estudiaban una fórmula para conseguir que la comunión entre la grada y el campo vuelva a ser perfecta. El partido y la situación lo merecen.

Lógicamente, en la balanza también hay una serie de factores que juegan en contra del conjunto bermellón en este último fascículo del torneo. El más importante de todos es la dinámica en la que anda sumergida la plantilla, incapaz de concretar la salvación a pesar de tenerla al alcance de la mano desde hace ya muchas semanas. Eso ha propiciado que llegue a la recta de meta con las fuerzas justas y la moral dañada, lo que ha generado una carga de presión y ansiedad que, en el peor de los casos, podría acentuarse en la finalísima del sábado ante el Atlético.

Ese mismo aspecto ha abierto también algunos interrogantes acerca de la respuesta del grupo. Y uno de los que más inquietud provocan es saber cómo se empleará una plantilla cargada de futbolistas jóvenes ante un ejemplo de presión extrema como el del fin de semana. Varios de los jugadores que formarán de inicio no se han encontrado nunca ante una situación parecida y habrá que ver si saben manejar expresarse con el agua al cuello. Y ahí, la mayoría de sus rivales le sacan un par de metros de ventaja. Todos ellos llevan tiempo moviéndose en el barro, mientras que los rojillos no habían percibido hasta ahora el verdadero olor del peligro.

El último dato que amenaza con cercenar las esperanzas isleñas reside en las aspiraciones del Atlético de Madrid, que viajará a Palma con el deseo de aventajar en la clasificación a Sevilla y Athletic con los que comparte el vagón de la Europa League. Uno de ellos tendrá que conformarse con la séptima posición del torneo, que equivale a disputar dos fases previas de la competición, la primera de ella durante el mes de julio.