Cerdà, Cladera y Serra Ferrer, ayer en Son Moix. | Monserrat

24

De aquel Son Moix rodeado de grandes torres que imaginó Vicenç Grande en 2006, al nuevo estadio que tiene en mente el grupo de Llorenç Serra Ferrer. Incómodo y hastiado de vivir en Son Moix, el Real Mallorca sigue soñando con un cambio de domicilio. La actual propiedad del club bermellón, obsesionada con esa idea desde que accedió al puente de mando, expuso ayer su último y faraónico proyecto, todavía en fase de estudio, que anhela concretar en la temporada del centenario (2015-16). Un plan ambicioso y atractivo en el plano virtual, pero que nace cogido con alfileres y condicionado a una serie de factores ineludibles. Principalmente, porque su elevado coste (entre 150 y 200 millones de euros) requiere ser financiado íntegramente capital privado y aunque la entidad asegura contar con dos grupos de inversores interesados en llevarlo a cabo, el escenario económico actual no invita al optimismo. Además, precisa de la cesión de unos 32.000 metros cuadrados por parte del Ajuntament de Palma que complican más todavía su ejecución.

«Lluís Sitjar, nou cor del Mallorca». Así ha denominado el club a su mastodóntico propósito, que comprende la construcción de un estadio cubierto con capacidad para entre 25.000 y 30.000 espectadores que se adaptaría a las exigencias medioambientales, además de incorporar los últimos avances sobre el terreno ocupado por el antiguo es Fortí. El futuro complejo contaría también con zonas de restauración, un hotel de 60 habitaciones, oficinas, salas polivalentes, un centro comercial, museos y aparcamientos. Todo ello diseñado siguiendo unos criterios de sostenibilidad y eficacia energética que regenerarían el barrio que envuelve al viejo Lluís Sitjar.

En ese mismo proyecto, el Mallorca ha previsto además la extensión y la reurbanización de la Plaça Barcelona, ampliando los espacios públicos con una dotación de 8.000 metros cuadrados de equipamentos en los que se incluiría un pequeño polideportivo multiusos, piscinas (una cubierta y otra infantil), gimnasio, pistas de pádel, aulas y talleres, bibliotecas o salas de exposición.

Esa aspiración, que el Mallorca recuerda una y otra vez que sería financiada sin la necesidad de recurrir a ayudas públicas (y gracias a la posterior explotación de la zona comercial), debería empezar a gestionarse de inmediato, ya que los plazos que ha ido trazando el club se encuentran ajustados al máximo. La idea es obtener la autorización de las distintas fuerzas políticas de aquí a que concluya el 2011, moldear definitivamente el proyecto durante el año que viene e iniciar la construcción en 2013. El reto se completaría estrenando el campo en 2015 y disfrutándolo con motivo el centenario del Mallorca. ¿Realidad o utopía? Sólo el paso del tiempo podrá resolver ese dilema.