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Rafael Nadal ambiciona lograr hoy lo «inimaginable», cuando dispute su cuarta final de Wimbledon ante el checo Tomas Berdych, un hombre que accede a la última ronda de un Grand Slam por primera vez en su carrera y que sigue los pasos de su compatriota Ivan Lendl. Para el ganador de Roland Garros y el mejor posicionado en el ránking mundial, dar un paso más en la historia del tenis se ha convertido, casi, en costumbre. Lo que no creía posible, lo «inimaginable», según él mismo expresó, es ya una realidad para el segundo favorito, quien apenas hace unos años tan sólo ambicionaba adaptarse a la engañosa superficie verde, para ponerse luego como meta «jugar bien en hierba». Con cuatro finales y un trofeo de campeón (en el 2008, cuando venció a Federer en un trepidante duelo de casi 5 horas), Nadal se adentra ya en su cuarta final encadenada en este elitista club, donde una lesión de rodillas le obligó el año pasado a seguir desde su casa el pulso librado entre el helvético y Roddick.

Dolores

Es, precisamente, el estado de esas delicadas rodillas lo único que podría inquietar al campeón de Roland Garros, que notó dolor en momentos puntuales de esta edición pero que asegura, ahora, que no tiene problemas. «No me puedo quejar de nada. Esto sí que me preocupaba. Confiemos en que se mantengan igual de bien», expresó el 'manacorí'.

Con 40 títulos a sus espaldas, 4 esta temporada, el balear supo salir de una época complicada, donde las lesiones se convirtieron en su gran enemigo, para arrancar esta campaña en condiciones óptimas, con un soberbio nivel en la cancha y una notable disposición mental. «Si se gana, para mí será algo impresionante, es mucho más que un sueño volver a ganar en Wimbledon, pero si se pierde, creo que he hecho todo lo que tenía que hacer para estar donde estoy y estoy orgulloso de todo», dijo Nadal.

Salir hoy a la «Catedral» en un duelo en el que por primera vez en siete años no figurará un Federer que dijo adiós en cuartos de final supone la consumación de un sueño: «Es algo increíble, inimaginable, en mi vida podría haberme imaginado estar cuatro veces aquí, en el último día de Wimbledon», admitió el balear.

Camino

Pero nada llega por casualidad. El mallorquín ha sabido derribar cada obstáculo planteado en el cuadro masculino. Fue despidiendo al japonés Kei Nishikori, al holandés Robin Haase -frente al que disputó el primer encuentro resuelto en 5 sets desde la final del Abierto de Australia en el 2009-, al alemán Philipp Petzschner, al francés Paul-Henri Mathieu, al sueco Robin Soderling y al británico Andy Murray. El próximo (y definitivo) escollo: Un Berdych que ha variado su actitud, que va sobrado de confianza, que encadena golpes letales y que ha echado al mismísimo Federer de su torneo fetiche. En su séptima incursión en este «grande», el semifinalista del Abierto de París asegura que no teme a ningún oponente.

El ganador de Halle en 2007, que se colocaría séptimo en el ránking mundial, anticipa a un Nadal «agresivo». Contra ese adversario cuenta, además, con un saldo negativo: 7 derrotas por tres victorias, cosechadas en Cincinnatti, en el 2005, en Canadá, en el 2006 (ambas en pista dura) y en Madrid, en el 2006 (dura, en sala). El verdugo de Federer se aferra al optimismo, extrae lecciones positivas de esos tres triunfos sobre Nadal y recuerda que «vencer al primer o segundo jugador del mundo no es algo que ocurra a menudo».