Antonio Vadillo posa para este periódico. | Pere Bota

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A los 17 años, azotado por la crisis de la adolescencia, dejó el fútbol durante unos meses. Formado en las categorías inferiores del Xerez, jugó en División de Honor Juvenil con el Flamenco y coincidió en la selección andaluza cadete con Ángel Cuéllar, López Ramos o Juan Merino entre otros. Incluso acudió a una preselección española. Jugaba como líbero. Un amigo de su hermano le llamó para ir a entrenar con el filial del Caja de San Fernando, equipo de la Primera División del fútbol sala, y desde entonces la vida de Antonio Jesús Vadillo Sánchez (Jerez de la Frontera, 28 de marzo de 1977) no se entiende sin este deporte. Entrenador del Palma Futsal desde la pasada temporada, capitanea un grupo que hoy parte rumbo a la Copa de España con el objetivo de desafiar el jueves a Movistar Inter y acceder a las semifinales de la competición. Relajado y sin apenas haber podido conciliar el sueño tras la última derrota liguera, Vadillo atiende a Ultima Hora.

— Irregular en la Liga, llega la Copa y con el Movistar Inter de rival. ¿Cómo está el equipo?
— Estamos siendo irregulares en la Liga y buscamos ser más consistentes. La Copa es diferente a todo. Es una competición sin margen de error, muy atractiva, en cancha neutral y todo paso por el nivel de concentración. El juego estará parejo y el partido se decidirá por detalles.

— El Palma le ha ganado los dos partidos de la temporada al mejor equipo del mundo.
— Eso nos da un punto de confianza. Los dos partidos han estado equilibrados y ganamos nosotros. Pero nos vamos a enfrentar a un equipo que lleva mil partidos de este calibre y nosotros estamos comenzando. Este tipo de partidos nos da el punto de madurez que necesitamos. El año pasado ya superamos la primera ronda y a ver si ocurre lo mismo. El partido del jueves lo afrontamos como una final.

— ¿La exigencia es más alta de lo que el club puede soportar?.
— Evidentemente las cosas son como son y el equipo tiene ansiedad. Eso no solo lo digo yo. Se ve. Porque no es normal que el equipo haga durante muchos partidos 30 minutos muy buenos y después le pese ese punto de ansiedad. Nos ha pasado en muchos partidos. Necesitamos adquirir esa madurez y saber jugar con la exigencia. Para hacer una buena temporada, debemos llegar al menos a semifinales. Y eso lo entendemos todos. Nosotros competimos con Jaén, Xota, Levante, Osasuna Magna... porque tienen el mismo presupuesto que nosotros. Este club ya tiene que aspirar a estar entre los cuatro o cinco primeros.

— La temporada comenzó a lo grande, con el liderato, la victoria en la cancha del Movistar Inter, el mejor arranque de la historia...
— Lo hicimos muy bien hasta la jornada 14, pero después nos pesó la exigencia y no supimos asumir la derrota. Principalmente la de Cartagena o ante el Zaragoza en casa. Esos partidos no se podían dejar escapar. Nos falta ganar partidos incluso sin jugar bien. Esa es la diferencia. Los equipos grandes nos han ganado como equipo pequeño, con la excepción del Barça que nos pasó por encima. En ese aspecto vamos por detrás de Jaén y de Xota. Todo es un proceso. Hay que darle valor a lo que está haciendo el club: estar durante tantos años consecutivos en la cabeza. Lo excepcional es que nosotros, Jaén o Xota, juguemos una final.

— Es su segunda temporada como entrenador. ¿Es más complicada que la primera?
— Quemar me quema igual porque soy muy autoexigente, pero disfruto haciéndolo. La noche pasada casi no he dormido porque me vi el partido de Tudela, una parte del duelo ante el Inter, preparar el entrenamiento de cara a la Copa... y todo con el mal sabor de boca de la derrota. Soy un entrenador que está en un constante aprendizaje. Tengo mucho que aprender todavía como entrenador, sobre todo a nivel de control de emociones, de gestiones... Puedo tener los conocimientos, pero todavía me falta bastante rodaje para saber manejar todas las situaciones de un club con la exigencia del Palma. Tenemos que buscar esa tecla para acabar con nuestra irregularidad y ser más regulares.

— En unos meses pasó a ser el jefe de los que habían sido sus compañeros. ¿Ha cambiado mucho el trato por su cargo como entrenador?
— Es diferente. Me ven de otra forma. En parte es una ventaja porque los conozco a ellos en lo deportivo y lo personal y ellos a mí, pero la relación no es la misma. Para nada. Es mucho más distante por el cargo. Yo ahora no me voy a ir a tomar unas cañas con ellos como hacíamos antes. La relación es buena y fluida, pero más distante que antes.

— Después de aquella polémica entre José Tirado y los jugadores antes de jugar contra el Movistar Inter, ¿cómo está ahora la situación en el grupo?
—No fueron las mejores formas por todo el ruido que se formó. Todos éramos conscientes de que no estábamos dando nuestro nivel. Contra el Inter el equipo dio un punto muy alto. No ganamos al Inter porque Tirado dijera eso sino porque los jugadores hicieron muchas cosas bien.

— ¿Su experiencia en el banquillo está resultando más difícil de lo que pensaba desde fuera?
— Hoy en día el trato con el jugador es más complicado que en mi época. El ego del jugador es diferente. Antes éramos unos currantes y ahora todo el mundo, por muy joven que sea, se cree que lo sabe todo en todos los órdenes de la vida. La gestión de grupo es fundamental y en este sentido pues seguimos aprendiendo cada día.

DE BRASIL A LAS PENURIAS EN BENICARLÓ

Antonio Vadillo pasó de dejar el deporte a probar suerte en el fútbol sala cuando ya había cumplido la mayoría de edad. La prueba se alargó durante más de dos décadas. Más de veinte años dedicados a un deporte que «me lo ha dado todo». Tras defender al Frío Jerez (97-98) y Caja San Fernando (98-00), jugó una temporada en el Manacor (2000-01) antes de volver a su tierra y de apostar en 2002 por una aventura en el Benicarló que le marcó la carrera.

«Fui para seis meses y me quedé diez años. Allí viví todo tipo de situaciones. De las buenas y las malas, como cuando estuvimos ocho meses sin cobrar y tuve que ayudar a compañeros que lo estaban pasando mal», recuerda Vadillo, que escoge el partido que disputó con la selección española en Brasil ante 14.000 personas como «un hito inolvidable». En el verano de 2011 jugó en el Al Ryyan de Qatar, con Juanito como entrenador, donde vivió «una experiencia enriquecedora en todos los aspectos que me permitió conocer otra cultura, otras costumbres y otros países».

El entrenador jerezano recuerda algunos consejos que les dio un técnico brasileño: «Vas a jugar mucho tiempo a fútbol sala, pero tienes que hacer esto: no hagas caso al aficionado, haz caso al entrenador; no te juntes con los que no juegues que siempre te hablarán mal de los compañeros y del técnico... Estoy super agradecido. Hoy en día las redes sociales tienen mucha influencia y los jugadores están más pendientes de cuantos me gustan tiene una foto... Es la realidad».
Tomás de Dios

Antonio Vadillo regresó al Palma Futsal para vivir en primera línea el cambio de mentalidad que experimentó el club gracias a la figura de Tomás de Dios: «Es un entrenador que cambió la filosofía del club por su nivel de exigencia y de competitividad. Sembró las bases del crecimiento del club».

En el plano personal, Vadillo considera que su principal defecto es que se «aisla mucho» en la derrota. Apasionado de la pasta y de la berza jerezana, también le gusta el buen vino. Tiene el fútbol sala como «mi hobby y mi vicio» y entre su lectura destacan varios libros de deportistas. «Todos mis hermanos de Manel Estiarte, alguno de Imanol Ibarrondo y Once Anillos de Phil Jackson».

Admirador de Denzel Washington, ve alguna serie junto a su mujer aunque no «soy adicto a ninguna». Recuerda al Movistar Inter de «Schumacher, Daniel y Marquinho» y se declara aficionado del Barça y de Leo Messi, que está «marcando una época». Vadillo apunta que Hamza «puede ser un buen entrenador en el futuro» y cuando se le pregunta por un sueño, no duda: «Darle a este club lo que más quiere: un título».