Imagen de José Linares (izquierda), del CN Sa Ràpita, a su llegada al puerto de Santa Cruz de La Palma.

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Condiciones extremas como rachas de más de 55 nudos en las costas gallegas, ataques de orcas o roturas en las embarcaciones han sido algunos de los desafíos que han tenido que afrontar los participantes en la Mini Transat, en la que el mallorquín José Linares ha completado la primera etapa desde Les Sables d’Olonne (Francia) hasta la isla de La Palma tras 12 días, 22 horas, 50 minutos y 50 segundos en el puesto 54 de los 90 navegantes que iniciaron la aventura.

«El Atlántico me ha enseñado su lado más salvaje en toda la cara; no sabía que fuese tan duro, ha habido momentos que no han sido divertidos», relataba el deportista del CN Sa Ràpita a su llegada el domingo al puerto de Santa Cruz de La Palma, donde la flota permanecerá al oeste del volcán que asola la Isla.

«Han sido etapas muy diferentes en cuanto a navegación. Aunque la primera es más corta, frente a los entre 17 y 20 días que requiere la segunda, el recorrido pasa por el temido Golfo de Vizcaya en octubre, el paso de Finisterre y todo el descenso por la costa portuguesa. Nada que ver con la navegación en la ‘autopista de los alíseos’ de la segunda etapa», analizaba antes de volver a Guadalupe.

Trabajo

Su llegada a La Palma le permitirá recuperar fuerzas, pero no serán días de descanso, ya que tendrá enfrascarse en la reparación del Vamos Vamos, una embarcación de 6,5 metros de eslora y 3 de manga. Roturas en la caña y drizas, burda rotas o la pala del timón partida son algunos de los aspectos a resolver antes de intentar culminar la Mini Transat, posiblemente la travesía transoceánica en solitario más exigentes el mundo.