Mulet Pacis, Miquel Bestard, Riera Morro y Jaume Sastre, en la presentación de una anterior iniciativa para evitar la violencia verbal en los campos. | Redacción Deportes

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En apenas tres meses de 2017 se han registrado hasta tres incidentes graves en el fútbol balear que indican que hay que seguir trabajando para erradicar de pleno la violencia en los campos, tanto en las categorías inferiores como en las superiores. Los principales perjudicados son los árbitros, también los más indefensos y los que más sufren las consecuencias de la violencia.

El ultimo ejemplo está localizado en el encuentro que disputaron el Llucmajor y el Baleares Sin Fronteras, partido en el cual el colegiado Marc Prats fue acorralado, golpeado, escupido y gravemente insultado por un grupo de seguidores del conjunto local.

Esta situación llega poco después de que en el mes de enero el árbitro Antonio Hurtado también sufriera una agresión en el transcurrir del partido de juveniles que disputaron el Pla de Na Tesa y el Son Caliu.

También este año la Penya Arrabal decidió expulsar a un futbolista de sus equipos base porque su padre agredió supuestamente al entrenador del equipo rival.

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El presidente del colectivo arbitral, Tomeu Rierra Morro, explicaba a Ultima Hora que es imprescindible tomar medidas severas y que las sanciones a los clubes sean ejemplares porque en caso contrario va a ser muy difícil terminar con la violencia en los campos. «Si tomamos ahora lo que ha sucedido en Llucmajor y el incidente se queda sin ningún tipo de castigo porque no se ha localizado a los agresores, entonces llegamos a la conclusión de que los árbitros están desamparados. Es necesario que los clubes que no ayuden a erradicar la violencia o tengan una actitud pasiva sean castigados».