Mark Iuliano, autor de los dos goles bermellones, es felicitado por sus compañeros en el encuentro de ayer. Foto: MONSERRAT

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Sobrevivió el Mallorca a otra noche de calvario y desastre. La raza de Iuliano, inmenso en dos acciones a balón parado, rescató al grupo de Cúper de los infiernos de una derrota que se estaba ganando a pulso. Después, los atinados cambios del técnico endulzaron la noche para el equipo isleño y condenaron al Atlético, ya encogido y escasamente convencido de unas posibilidades que habían sido tangibles desde que cruzó el primer cuarto de hora con dos goles en sus maletas (2-2). Cúper y Bianchi proponían una batalla táctica, un duelo en la pizarra. Pero el partido fue todo lo contrario. La contienda se convirtió en un cúmulo de despropósitos, en un carrusel de incongruencias que acabó con la grada arrojando chatarra sobre el colegiado, dos expulsados, una catarata de tarjetas y más goles que fútbol.

La tarde ya arrancó alterada. Cuando los aficionados más rezagados todavía comentaban el derbi de baloncesto, llegó el primer bofetón del Atlético. La fórmula de Bianchi no tenía demasiado secreto, pero el pelotazo de Antonio López a Petrov cogió a toda la defensa comiendo turrones y a Prats todavía en el vestuario. El búlgaro le ganó la espalda a Campano, se aprovechó de las dudas del portero en la salida y se puso a correr. Llegó a tiempo para enviar un pase que tampoco atajó Prats y que Maxi rentabilizó con el gol. Apenas habían transcurrido 53 segundos de partido.

Ese tanto facilitó el guión que había repartido el virrey en la caseta y el Atlético vivió su inicio más plácido de todo el campeonato ante un Mallorca deslabazado. El grupo de Cúper acusó el mazazo, se enredó en la incomprensión y se complicó la vida. Bianchi apreció de inmediato el socavón abierto en el lateral derecho y tocó a zafarrancho. Petrov provocó varios descosidos por la banda de Campano y sembró la velada de desesperación. Era una lucha desigual. Para echar sal a la herida, Ibagaza también pidió turno. El Caño movió a su antojo el equipo. En largo o en corto, puso en fila a sus compañeros. También Fernando Torres se movía con fluidez por una maraña desordenada. El Atlético elevó su dominio al marcador a los doce minutos, sin que el Mallorca hubiera dado todavía señales de vida. Torres quebró a Iuliano con un caño de tacón, alzó la vista y le regaló el segundo gol a Colsa, que estiró su cuello para dejar en evidencia a la zaga. 0-2 a los doce minutos. La tarde estaba cuesta arriba. Muy cuesta arriba.