Joan Cardona celebra el bronce en Finn, law primera medalla olímpica balear en Tokio. | Jesús Renedo

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Joan Cardona ha devuelto a la vela balear a un podio olímpico un cuarto de siglo después. Ese largo impás de tiempo es el que ha discurrido entre el oro de Pepote Ballester en Atlanta 96 en la clase Tornado y la que ha sido la primera medalla para la vela española y para el deporte balear en los Juegos Olímpicos de Tokio.

En aguas de Enoshima, el regatista menorquín del Real Club Náutico de Palma culminó con emoción hasta la última virada un año casi perfecto, un ciclo intenso y una semana de gran regularidad en las trece pruebas disputadas, cerradas con un ajustado sexto puesto que permitía al balear cumplir su objetivo, hacer realidad su sueño y defender la plaza de podio con la que aterrizó en la Medal Race.

El oro acabó siendo para el británico Giles Scott (36 puntos), que controló en todo momento la regata decisiva para evitar sorpresas, y desde la cuarta plaza disfrutó de su título olímpico, el último de la clase Finn dentro de los Juegos. Y eso que el húngaro Zsombor Berecz planteó desde el inicio una regata agresiva, colocándose incluso en cabeza en algunos tramos para imponerse en la Medal, un triunfo parcial que le permitió al compañero de entrenamientos de Cardona ser segundo y medalla de plata (39), por delante del menorquín, tercero y bronce con 51 puntos, cinco menos que el neerlandés Heiner, cuarto.

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Cardona, segundo medallista olímpico menorquín (tras el baloncestista Sergio Llull) y tercero para la vela balear, anduvo vigilante en todo momento, pendiente de los movimientos de sus rivales, pero sin perder de vista la calculadora. Con una cuarta plaza, sabía que la medalla no se le podía escapar. Enseguida, Zsombor puso la directa, con Scott atento desde la distancia, y a Cardona se le alejaban las opciones de plata, con el oro ya casi en el cuello del británico Scott, tranquilo y fiable al paso por las marcas.

Los problemas y los nervios aparecieron cuando asomaron la proa por las posiciones delanteras el holandés Nicholas Heiner y el neozelandés Josh Junior, dos de los que podían arrebatar el bronce a Cardona, que ya debía aferrarse a ese tercer peldaño viendo la solidez de Zsombor y Scott.

Con el balear noveno y sus rivales directos en tercera y cuarta plaza, Cardona debía hacer un último esfuerzo para evitar sustos, pues especialmente en neerlandés iba a por todas sabedor de que el último viraje rumbo a la línea de llegada era su última oportunidad. Ahí Cardona tiró de oficio para escalar plazas y entrar en una sexta posición que, apartado ya el neozelandés Junior y con Heiner segundo, no le impedía atrapar un bronce que celebró arropeando su Finn por la emoción del momento, y lanzándose al agua junto a los otros dos integrantes del último podio olímpico de la historia de la clase Finn. Una imagen que quedará para los anales de la vela balear y que sitúa a Joan Cardona, con 23 años, entre los grandes deportistas de la historia de Balears, tierra a la que dio su medalla número 23 en unos Juegos.