Mateo Sanz y Asier Fernández posan en la rampa de Enoshima junto a los aros olímpicos. | Fernando Fernández

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Ni Enoshima ni los Juegos Olímpicos son un escenario desconocido para Mateo Sanz. A bordo del RS:X número 36 que compite por Suiza, el regatista de Formentera sueña con llegar a su Isla con una medalla al cuello. La experiencia en Río y sus buenas sensaciones en estas aguas, donde ha pisado el podio en Mundiales y Copas del Mundo, son su mejor carta de presentación.

Pero también un espectacular inicio de competición. Junto a Asier Fernández, su entrenador, forma un tándem que se compenetra a la perfección y sabe que los de Tokio pueden ser los Juegos en los que llegue el fruto a tantos años de trabajo y promoción de esta clase en Formentera.

Segundo en la general provisional, por detrás del italiano Mattia Cambino, y tras dos jornadas de regatas, Sanz, de 27 años, aprovechó el día de descanso para hacer una serie de retoques y mantenimiento de la tabla y la vela. Y repartó un arranque brillante, con dos victorias en la jornada inaugural y un tercero y cuarto puestos en la segunda. «Estoy muy contento, después de dos días estamos a medio camino del campeonato y pinta bien. Los tres primeros estamos muy pegados y puede pasar de todo, pero vamos a pelear hasta el final porque tenemos una buena oportunidad. Si se dan las condiciones, habrá posibilidades de medalla», explica el deportista isleño, primer olímpico de Formentera y una de las grandes bazas del equipo suizo.

Eso sí, tendrá que enfrentarse a la incertidumbre que general el tifón Nepartak, «pues para este miércoles dan más viento, pero las previsiones cambian de maneras constante y hay que adaptarse», confiesa. Y es optimista, más al saber desenvolverse bien en las condiciones de Enoshima. «Ya llegamos con buenas sensaciones. Aquí siempre he competido a gusto y quiero volver a repetirlo», refería sobre sus presencias en podios de anteriores competiciones internacionales.

Sus segundos Juegos, tras su debut en Río 2016, le permiten tener «una experiencia que te ayuda a estar un poco menos nervioso, pero uno siempre quiere hacerlo bien. Estar aquí es una responsabilidad y la tensión y los nervios son parte del juego», comentaba Sanz, que en referencia a sus rivales, admite que «no ha habido sorpresas. El italiano y el holandés partían como favoritos, y Francia, Polonia e Israel son los que están delante normalmente».

Y agradece Mateo el apoyo que recibe de los suyos y desde su Formentera natal. «Me llegan muchos ánimos de allí. Cuando llego a tierra, entre WhatsApp, Instagram y las redes, tengo mil mensajes y no puedo responder a todos. Siento su apoyo y lo agradezco. Y ojalá pueda volver con una medalla allí», refiere.

A su lado, siempre ha estado Asier Fernández de Bobadilla. Olímpico en Barcelona 92, ex director del equipo español y mentor de Sanz, el técnico se deshace en elogios hacia su pupilo. «El primer día, Mateo era el más rápido con su viento, y el más fuerte, además de navegar bien. El segundo fue de toma de decisiones constantes, con un viento que ayudaba a cometer errores. Y él comete menos que el resto. Con viento de tierra racheado, fue de los pocos que apenas se equivocaron y eso le permitió seguir delante», explicaba el técnico, enrolado dentro del equipo olímpico suizo de vela.

De cara al futuro, recuerda que «ahora hay seis pruebas por delante, pero pasado el ecuador, también hay seis claros candidatos a medalla y uno de ellos es Mateo. Hay que pelearlo, porque está al alcance de su mano», asegura ambicioso Fernández, para quien tampoco pasa de largo 'Nepartak'. «Depende de cómo se mueva la borrasca, todo cambiará. Es el trabajo más duro el de precedir el tiempo cuando es tan inestable y con una borrasca tan cerca», dice sobre ello antes de encarar unos días claves para saber si Formentera tendrá a su primer medallista olímpico en toda la historia. Y el tercero balear.