Jorge Cardeno recibió el cariño de compañeros y rivales durante el partido de Tercera División entre el Collerense y el Constància que se disputó en Ca Na Paulina.

A veces no hace falta que haya un balón de por medio para que el mundo del deporte responda a una buena causa. Lo sabe la familia del Collerense, a la que se ha ido uniendo el resto del fútbol balear para abrazar a Jorge Cardeno y acompañarlo en un viaje tan duro como amargo. Aquejado por un tumor que se le detectó este verano, el atacante del conjunto palmesano (21 años) ya ha iniciado el tratamiento para vencer al cáncer, un camino hacia la esperanza que no hará solo. Porque ni sus compañeros ni el resto del club van a soltarle la mano.

Vecino de toda la vida del Coll, la carrera de Jorge empezó a despegar hace dos temporadas, con su ingreso en la plantilla de Tercera División del Collerense, el equipo en el que empezó a jugar cuando tenía tres años y del que solo ha salido una vez, a modo de paréntesis, para probar fortuna en el San Francisco.

La vida de Jorge dio un vuelco en pretemporada. Antes de acabar el curso ya había sentido con cierta frecuencia una serie de pinchazos en la zona del pecho, pero tras someterse a varias pruebas los médicos no detectaron nada extraño. Sin embargo, esa rara sensación se fue agravando y fue el propio fútbol el que le acabó revelando un problema contra el que pelea desde hace semanas: cáncer. «Seguía sin encontrarme bien, me sentía muy débil y caía enfermo cada dos por tres. Cuando empecé los entrenamientos apenas podía correr y creía que era porque estaba en mala forma. Se me quitaron las ganas de jugar», explica. Acudió a Son Llàtzer para someterse a un examen mucho más exhaustivo y sus miedos se confirmaron.

Jorge ya ha empezado con la quimioterapia y se siente bien rodeado. Recibe mensajes de clubes que siempre habían sido rivales, el barrio se ha volcado con él y su cuadrilla de amigos se ha rapado la cabeza. «Se me pone el vello de punta cuando lo pienso», confiesa. Ahora fuera del campo, Jorge sigue jugando. Porque en Ca Na Paulina, junto a una camiseta roja con su dorsal, hay un balón esperando a que vuelva.