Los errores de los porteros dejan vivo al Sporting y salvan al Zaragoza

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Real Zaragoza 1 - 1 Sporting

Real Zaragoza: Whalley; Jose Fernández, Cidoncha, Laguardia, Abraham; Montañés, Arzo, Tierno (Acevedo, min.78), Víctor Rodríguez (Álamo, 83); Henríquez y Roger.

Sporting: Cuellar; Lora, Luis Hernández, Bernardo, Menéndez; Carmona (Jara, min.73), Sergio, Mandi (Barrera, min.77), Joni; Stefan (Pablo, min.70) y Lekic.

Goles: 1-0. Min.40, Cuellar; 1-1. Min.88, Bernardo.

Árbitro: Bikandi Garrido. Amonestó con cartulina amarilla por el Sporting a Mandi y por el Real Zaragoza a Roger, Víctor Rodríguez, Tierno y Arzo.

Dos garrafales fallos de los porteros, primero de Cuellar por el Sporting y al final de Whalley por el Real Zaragoza, sirvieron para firmar el empate en el estadio de La Romareda con un equipo aragonés que certificó la permanencia y los gijoneses, que tuvieron arruinadas sus aspiraciones de ascenso la mayor parte del choque, las recuperaron en los minutos finales.

A los gijoneses les faltó durante muchos minutos en la capital aragonesa empuje para dejar clara su candidatura al ascenso que terminó salvando prácticamente sobre la campana y le deja dependiendo de él mismo para la última jornada, mientras los maños disfrutaron durante muchos minutos de una ventaja en el marcador que cedieron en los instantes finales fotografiando lo que ha sido toda una temporada de penuria en la que el objetivo final ha terminado siendo la permanencia en la Liga Adelante.

Los zaragocistas cedieron en un principio el control del balón a los gijonenses que trataban de elaborar el juego para intentar poner a prueba al debutante Whalley, aunque tardaron varios minutos en aproximarse al portal maño.

A los diez minutos, Joni colgó un saque escorado de falta que se paseó entre la maraña de jugadores sin que ninguno tocase el balón y el portero maño mostró más nervios de los previstos y rechazó un balón que parecía claro y que llegó a Stefan, pero no encontró el hueco para mandarlo al fondo de las mallas.

Víctor Muñoz situó a César Arzo para ordenar la línea defensiva al comienzo del ataque de los gijoneses que les permitió anular por fuera de juego muchas de las acciones de su rival que no terminaba de encontrar la forma de romperlo.

Por los zaragocistas volvió a funcionar la conexión en ataque entre Víctor Rodríguez y sus compañeros con balones entre líneas que llevaban marchamo de peligro, pero en los metros finales los delanteros carecían de acierto, en uno de ellos Henríquez supero de vaselina a Cuellar pero el esférico se fue desviado.

A la media hora llegó la mejor oportunidad de los maños en un pase al hueco de nuevo con Víctor Rodríguez como protagonista que dejó completamente solo a Roger ante el cancerbero asturiano pero supo intuir el remate del valenciano y lo desvió.

Poco antes los hombres de Abelardo Fernández tuvieron otra notable oportunidad con un remate de cabeza de Stefan al fondo de las mallas anulado por fuera de juego.

La primera mitad parecía condenada a finalizar sin goles pero un garrafal error en el control del balón de Cuellar y la permanente presión de Roger le permitió robárselo y marcar con la portería vacía. El golpe moral para los astures fue muy duro.

Tras el descanso, los gijoneses no dieron prácticamente en ningún momento la sensación de estar jugándose casi todas sus aspiraciones de pelear por el ascenso mientras el equipo maño mantenía su velocidad de crucero y disponía de varias ocasiones para sentenciar el choque.

Los zaragocistas no estaban demasiado incómodos ante un Sporting en el que la mordiente se la ponía Joni por la banda izquierda y un centro suyo encontró la cabeza de Lekic, pero su remate se le fue alto.

Las carencias de uno y otro eran patentes, pero conforme pasaban los minutos, las fuerzas de los maños estaban cada vez más justas y empezaban a recular, lo que permitió alguna acción de peligro sobre todo un recorte dentro del área de Pablo que se topó en su disparo con un defensor maño, hasta que un centro desde la banda de Jara llegó a Bernardo completamente solo que sorprendió a Whalley que vio como el balón se le colaba por debajo de las piernas.

La igualada equilibraba más que los méritos los deméritos de ambos contendientes, en un partido en el marcador terminó haciendo justicia.

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