Los jugadores del Swansea City celebran uno de sus goles. | Reuters

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Bradford 0 - 0 Swansea

Bradford: Tremmel, Williams, Rangel, Davies (Tiendalli, m.84), Britton, Michu, Pablo, Dyer (Lamah, m.78), Routledge, De Guzman, Ki Sung-Yeung (Monk, m.62).

Swansea: Duke, Darby, McHugh, McArdle, Good (Davies, m.45), Thompson (Hines, m.73), Atkinson, Jones, Doyle, Hanson, Wells (McLaughlin, m.57).

Goles: 0-1, m.16: Dyer. 0-2, m.40: Michu. 0-3, m.47: Dyer. 0-4, m.59: De Guzmán, de penalti. 0-5, m.92: De Guzmán.

Árbitro: Kevin Friend (Reino Unido). Expulsó a Duke (Bradford), y amonestó a Sung-Yeung (Swansea)

El «Spanish» Swansea del danés Michael Laudrup se consagró hoy como campeón de la Copa de la Liga de Inglaterra (Capital One Cup) al arrasar en Wembley por 0-5 al modesto Bradford, de la cuarta división inglesa.

El español Miguel Pérez «Michu» sentenció al final del primer tiempo un duelo que el inglés Nathan Dyer había puesto de cara para los «swans» al cuarto de hora y que otorga a los de Michael Laudrup el pase para disputar la próxima temporada la Liga Europa.

En una segunda parte que resultó un tormento para los «bantams», ampliamente superados por un conjunto de mayor categoría, Dyer marcó su segundo tanto y el holandés Jonathan De Guzmán selló el marcador definitivo con otros dos goles.

Los españoles Pablo Hernández y Àngel Rangel -su compatriota José Manuel «Chico» Flores estaba lesionado- fueron otros de los protagonistas de un duelo con el que el Swansea firmó el final feliz de su «cuento de hadas», tal y como lo definió el técnico danés, el primer título de primer nivel en los más de cien años de vida del club.

Los galeses, vestidos de blanco, se enfrentaban esta tarde a su propia historia, y trataron de sorprender al Bradford desde los primeros minutos con su fútbol cerebral, basado en la posesión y el movimiento pausado del balón más que en la insistencia en los ataques verticales, una de las virtudes más extendidas en los clubes de la Premier League.

El Swansea acaparaba el cuero sobre el césped de Wembley y se dejaba caer por las bandas para tratar de desequilibrar a una defensa que aguantaba por momentos los embates de «Michu» y compañía pero que mostraba carencias técnicas.

El equipo de la última división del fútbol inglés parecía sufrir miedo escénico en uno de los estadios más legendarios del país y se dedicaba prácticamente en exclusiva a despejar balones al campo contrario y esperar un nuevo ataque del rival.

Era cuestión de tiempo que el portero inglés Matt Duke recogiera por primera vez el balón del interior de su portería, lo que hizo finalmente al cuarto de hora de partido.

Los tímidos «bantams», que en su camino hacia la final habían dejado en la cuneta a conjuntos de primera división como el Arsenal, el Aston Villa y el Wigan, llegaban a Wembley dispuestos a luchar por la victoria, y con ese estado de ánimo se lanzaron al ataque por vez primera al filo del minuto quince.

La osadía la pagaron cara: el Swansea recuperó el balón con facilidad y lo dejó a los pies de «Michu», que lanzó un tiro raso, cruzado, que Duke solo pudo rozar con la mano izquierda antes de que Dyer llegara en carrera para alzar a su equipo un escalón más cerca de la Copa de la Liga.

«Michu» había dejado escapar su primera oportunidad para grabar su nombre definitivamente en la historia del Swansea, pero no falló la segunda, en el minuto 40, casi desde la misma posición que en su anterior intento.

El exatacante del Rayo Vallecano, tercer máximo anotador de la Premier League con 15 goles, descerrajó un tiro con la zurda por debajo de las piernas de su marcador que Duke no supo anticipar y que se coló en la portería «bantam» cerca del poste derecho.

El descanso no sirvió para que el Bradford enderezara su rumbo, y a los dos minutos del arranque del segundo tiempo el partido comenzó a convertirse en una tortura para los de Phil Parkinson, ya sin opciones.

Dyer firmó su segundo tanto al finalizar una jugada colectiva en la que la defensa del Bradford se mostró incapaz de detener a los «swans», que abusaban de un rival visiblemente inferior.

En el 55, Duke segó en el área pequeña al canadiense Jonathan de Guzmán y vio una roja que dejó a su equipo con diez, obligado a participar durante 30 largos minutos un encuentro sentenciado.

De Guzmán se negó a ceder el balón a su compañero Dyer para que tratara de anotar un triplete y disparó él mismo desde los once metros para firmar el cuarto del equipo.

Con el tiempo cumplido, el mismo De Guzmán, a centro de Rangel, selló el quinto gol de la tarde, que ponía punto final al mayor éxito en la historia del Swansea.