El argentino Gonzalo Higuaín celebra el segundo gol de su equipo contra España en el partido amistoso disputado hoy, martes 7 de septiembre de 2010, en el estadio de River Plate en Buenos Aires (Argentina). EFE/Cezaro De Luca ARGENTINA-FÚTBOL/AMISTOSO | Efe - Cezaro De Luca

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Argentina, que no está para cortesías tras su estrepitosa eliminación ante Alemania en los cuartos de final del Mundial, goleó ayer por 4-1 a una irreconocible España campeona del mundo, sin algunos de sus jugadores emblema, en un encuentro amistoso que los locales asumieron como si se tratara de una final.

Lionel Messi, Gonzalo Higuaín y Carlos Tevez marcaron los goles en la primera parte y Sergio Agüero en la segunda frente a un combinado español que jugó un primer tiempo para el olvido pese a dos posibilidades concretas de anotar que tuvo Villa, que se topó contra el larguero, y mejoró en el segundo sin que le alcanzara para oponerse a un rival encendido.

Llorente, a falta de seis minutos para que terminara el encuentro, anotó el tanto español cuando Argentina se había replegado en procura de cerrar un triunfo resonante y con un marcador de alto impacto.

Diego Maradona impuso la frase «para Argentina no hay partidos amistosos», y a dos meses de su salida como seleccionador los jugadores mantienen esa postura que afianza a Sergio Batista en un cargo que hasta ayer parecía no tener asegurado. Al derrotar al campeón del mundo después de una victoria ante Irlanda en Dublin el mes pasado, los futbolistas albicelestes ratificaron con fútbol su apoyo a Batista. El técnico argentino ponderaba antes del encuentro el «respeto» que los españoles tienen por el balón y, como si hiciera falta darle la razón, el equipo de Vicente del Bosque estuvo desde el pitido inicial un minuto y 47 segundos sin dejar que los futbolistas locales lo tocaran.

Era una carta de presentación de «la Roja» ante una afición que amagó con aplausos y que cambió rápidamente por silbidos cuando España no pasaba al campo rival. Pero los argentinos, como si jugaran por los puntos, pusieron límites a los espacios de maniobras del conjunto campeón del mundo, redujeron el campo al tamaño de un pañuelo y antes de que se cumpliera el cuarto de hora ganaban con una ventaja de dos goles. A los ocho minutos, Tevez estuvo a punto de ser sustituido tras un encontronazo con Piqué que le dejó maltrecho, hizo gestos a Batista rogándole que le dejara en el campo y a los diez y a los 13 asistió a Messi y a Higuaín para que marcaran ante una zaga estática.

Aumentó la intensidad del juego, algunas asperezas -especialmente una de Cambiasso a Cesc- calentaron los ánimos y el encuentro se tornó menos amistoso. En ese contexto, los españoles comenzaron a elaborar juego más metidos en territorio argentino y Villa, a los 28 minutos, estrelló un remate en la escuadra izquierda de la meta local. El campo estaba mojado. Le echaron agua en abundancia diez minutos antes del partido y el que pagó las consecuencias fue el portero Reina, que se resbaló al intentar un rechace, perdió el control de la pelota y permitió que Tevez marcara el tercer tanto local a los 34.

Mejoró España en la segunda parte, insistió con altibajos en su disposición irrenunciable de controlar el balón y con Xavi ordenó las cosas en la última media hora. Llorente recortó terreno, pero Agüero, sobre el final, volvió a estirar el marcador para abrir de nuevo la herida.

Carlos Marchena, defensa de la selección española, dejó en 56 el récord de partidos consecutivos sin perder con la selección. El sevillano batió en mayo en Austria, ante Arabia, la marca fijada por el brasileño Garrincha (50).