Los jugadores de la selección celebran la victoria ante Croacia. | Friedemann Vogel / POOL

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En duda los dos primeros empates, España se ha desatado en la Eurocopa 2020 con diez goles, 19 tiros a portería y un tanto cada cuatro remates en los dos últimos duelos que han provocado la eclosión de un grupo que jamás perdió la confianza, consciente de que todo pasaba por la pegada, un factor hoy por hoy incontestable.

La botella de cava por descorchar de Luis Enrique Martínez ha entrado en una ebullición constante. Tan mecanizada y eficaz con la presión, con el manejo habitual del balón, aunque ante Croacia concedió más atrás de lo que lo había hecho antes, el gol es una diferencia tan visible como el carácter que demostró el lunes.

En sus dos primeros compromisos, contra Suecia y Polonia, acertó en uno de sus 28 intentos de remate, en uno de los diez de los que conectó entre los tres palos; en los dos siguientes, en el 0-5 a Eslovaquia y en el 3-5 a Croacia, marcó diez goles en 34 tiros o en 19 de los que sus futbolistas enfocaron a los tres palos.

Eficacia

Es cinco veces más eficaz sobre la portería contraria. La España sin gol de antes es ahora un equipo que colecciona dianas, hasta el punto que, de repente, no hay nadie que haya marcado más tantos que ella en la actual edición del torneo. Sus once comandan esa estadística con una contundencia imperceptible hace apenas diez días, cuando empató 1-1 contra Polonia, el pasado 19 de junio.

Mientras la cantidad de pases intentados y completados son similares, incluso ante Suecia fue el partido con más entregas acertadas de la selección española (852 por los 820 ante Croacia o los 613 frente a Eslovaquia), los goles se han multiplicado, además con tres futbolistas ya con dos cada uno: Álvaro Morata, Pablo Sarabia y Ferrán Torres. También han aportado uno Aymeric Laporte, Pau Torres, Mikel Oyarzabal y César Azpilicueta, más el tanto en propia puerta de Dubravka en el 0-5 a Eslovaquia de hace cinco días.

No hay mejor referencia para comparar el actual estado goleador de España que sus ciclos más gloriosos en el torneo: los campeonatos que conquistó en Austria y Suiza 2008, con el gol para la historia de Fernando Torres ante Alemania, o en Polonia y Ucrania 2012, cuando se coronó ganador con un 4-0 en la final frente a Italia.

Las dos competiciones las terminó con doce goles a favor, uno más de los que suma ahora, pero en sus dos últimos partidos dispara su eficacia hasta un gol cada 1,9 remates entre los tres palos, inigualable incluso para aquel ciclo, cuando fue de 4,25 (2012) y 4,23 (2008). O de 3,4 en intentos de tiro, ya sea dentro o fuera, por el 8,16 y el 7,66 que promedió en 2008 y 2012, respectivamente.

A 2012 correspondía la última vez que España alcanzó los cuartos de final. «Sabíamos que la línea era buena, que el trabajo del equipo era muy bueno. Somos un equipo intenso, que sabe a lo que juega y lo que quiere. Preparamos muy bien los partidos y tenemos mucha confianza. Somos un rival difícil de batir. Estamos creciendo mucho en este torneo y así se está viendo en los últimos partidos», relató Sergio Busquets, el capitán de una nave ya a toda velocidad.

Superada la covid-19, su irrupción en el once también es un cambio de la España que empató las dos primeras jornadas y de la que ha ganado sus dos últimos duelos. El capitán de la selección fue por segundo encuentro consecutivo el mejor jugador, con el énfasis que aporta a esa condición un partido en el que hubo ocho goles.

«Ya sólo lo que supone su presencia por todo lo que ha hecho en el mundo del fútbol y todo lo que es por cómo juega, cómo se posiciona y cómo hace jugar a los compañeros, es maravilloso poder jugar a su lado. Siempre ha estado a un nivel altísimo, ha ayudado a los compañeros, siempre está sumando... Para nosotros es fundamental. Estaba claro que el seleccionador le iba a esperar y por algo lo ha hecho», expresó el pasado domingo Koke Resurrección.

En los once impredecibles de Luis Enrique, hay una línea que sí parece más que definida en una alineación tipo: el medio campo. Al lado de Busquets, Koke y Pedri González. En los dos primeros duelos no fue así, porque el medio centro del Barcelona estaba de baja por la covid-19. En los cuatro, Koke y Pedri han figurado de interiores.

La presión es una seña de identidad. Un mecanismo que, cuando está ajustado, es ingobernable para cualquier rival. Es un factor que representa la mejor expresión de la España de Luis Enrique, tan trabajado exhaustivamente como lo ha hecho el seleccionador, tan detallista en el enfoque táctico de cada movimiento del equipo. «El seleccionador nos pide ciertos detalles dentro del terreno de juego, cómo jugar, cómo posicionarnos e intentar adaptarse lo antes posible y más rápido para aportar al equipo y sumar. Más allá de quién juegue, tenemos los movimientos muy mecanizados, llevamos estos meses pasados entrenándolos y en estas semanas», señala Koke.

En el actual momento de España también surgen las alertas defensivas. Contra Croacia recibió tres goles. Entre los tres duelos anteriores había encajado uno. La selección a la que menos le remataron en la primera fase, con nueve tiros en contra, siete fuera y dos a portería, este lunes la dispararon el triple: seis veces.

«El único error que hemos cometido en el partido ha sido cómo hemos jugado el final. No he hecho esta selección para jugar defendiendo y con balones largos aunque en momentos se pueda hacer. Tenemos que jugar y defender con balón, así tiene que jugar mi selección», advirtió Luis Enrique.

«Hay muchos jugadores que no llegan a diez internacionalidades y a veces piensan que defender pegando largo al balón es mejor. No, cuanto más lejos le pegas más rápido vuelve. La gran lección es como hemos defendido en la prórroga», enfocó el técnico para la próxima cita, el viernes contra Suiza en los cuartos de final en San Petersburgo. España ha recuperado la condición de favorito. De forma contundente.