La plantilla del Atlètic Baleares celebra su victoria ante el Costa Brava.

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El ATB nunca se entrega. Cuando recibe el primer directo al mentón que le tumba a la lona, lejos de arrojar la toalla y dejarse llevar, se agarra a la cuerda para ponerse en pie. Para volver a mirar con los ojos desafiantes a su adversario y desenfundar su arma secreta: la ambición. Porque este Atlètic Baleares de Xavi Calm camina con paso firme por la Primera RFEF y de momento es el único que aguanta el extraordinario ritmo impuesto por el filial del Villarreal, los dos únicos invictos.

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El conjunto blanquiazul dejó en anécdota el golazo de Xumetra gracias al acierto de Carlos Delgado en una acción de laboratorio y al maradoniano tanto de Armando Shashoua, que poco a poco se va despojando de la etiqueta de ser el hermano de Samuel para crearse su propio espacio. Esos dos hachazos le permitieron voltear el destino para lograr una victoria de calidad en el feudo del Costa Brava (antiguo Llagostera) que le consolida en la segunda posición.

Asolado por las bajas, sobre todo la del goleador Dioni, las huestes de Calm apelaron a la solidaridad y a esas ganas de enterrar la racha de empates con la que afrontaba la cita para tomar un buen impulso y situarse de nuevo tras la estela del conjunto amarillo. Apenas se han disputado ocho jornadas, pero el ATB ya comienza a mostrar unas señas de identidad reconocibles. Que no es poco...