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El universo digital, que es el que hay, no tiene horarios, y menos horarios de máxima audiencia. Porque los cubren todos, las 24 horas del día y la noche, y todos gozan de máxima audiencia casi simultánea, en uno u otro continente. Los horarios, los tiempos y las fechas los marcan siempre los que mandan, el poder consiste en poner horarios, y basta ver el calendario para comprobar lo mucho que ha mandado la Iglesia durante milenios. Hasta el cambio de las estaciones y las festividades son cosa suya todavía. La expresión «horario de máxima audiencia», un concepto de uso general a fuerza de repetirlo, procede de cuando la televisión regía nuestras vidas, lo ordenaba todo y, por supuesto, mandaba más que nadie. Imponía y definía los horarios. Pero ese tiempo acabó, y aún no se han enterado de que no pintan nada.

El mundo digital no tiene horarios, precisamente porque los tiene todos. Sin contar con que la audiencia, de por sí, no es cuestión de horarios, sino acaso de temarios. Emotividad de máxima audiencia sería lo adecuado, o vestuarios de máxima audiencia, que es como califican en internet esa franja, en absoluto horaria. Total, que no es que la audiencia se acumule en ese horario, sino que cuando algo es un éxito de audiencia, se traslada y se repite en tal horario, como si la tele todavía mandase algo. Y no, no manda nada, porque hasta las ficciones cinematográficas, imanes clásicos de audiencia, se han exiliado en masa a las plataformas. ¿Y por qué? Precisamente huyendo de los horarios, una cosa que siempre ha jodido mucho a la gente, y se tenían que aguantar. Ya no. Al menos en estas cuestiones mínimas, el poder ya no marca las horas, no es un reloj de fichar.

Si acaso, un reloj de cuco, de adorno. Naturalmente, las televisiones no se han enterado, y siguen dale que te pego con el horario de máxima audiencia: Y si las teles no se han enterado, nuestros políticos tampoco, de ahí las sanguinarias batallas por controlar las televisiones públicas (y las privadas), como si todavía fuesen varas de mando, a fin de copar ellos esa audiencia máxima. ¿Lo digo otra vez? Vale, lo digo. La audiencia ya no es cuestión de horarios. Y además, ahora está al teléfono.